Enfermedades de las Ninfas, Síntomas y Tratamiento

Las Enfermedades de las Ninfas no suelen ser fáciles de identificar. Pese a que son numerosas las patologías que podrían afectar a estas aves, pocas de ellas se manifiestan con frecuencia. Aún así, al inspeccionar a nuestra ave de forma regular y al llevarla periódicamente al veterinario, hay bastante probabilidad de que aminoremos aún más la aparición de cualquier enfermedad. Para conocer más acerca de este interesante tema te invitamos a continuar con esta lectura.

Enfermedades de las ninfas

Las Enfermedades de las Ninfas

La ninfa no es un ave con mucha predisposición a sufrir enfermedades, pero siempre conviene contar con un veterinario de confianza que la evalúe de forma regular, con lo que evitaremos sobresaltos. Hay que tener presente que una ninfa, al igual que cualquier otra ave, procura enmascarar que no se encuentra bien, ya que los depredadores suelen atacar a las aves más frágiles, por lo que es relevante seguir su conducta para advertir si se encuentra enferma antes de que pueda agravarse.

Si llegamos a percibir un comportamiento diferente, que duerme más de lo usual, que ahueca sus alas y oculta su cabeza (no confundir cuando se encuentra dormida), se alimenta menos y procura un rincón en el piso de la jaula en vez de trepar a los palos, etc., entonces debemos concluir que puede encontrarse enferma ya que todas ellas son señales de alarma. Las ninfas requieren bañarse regularmente, de tal manera que si a la nuestra no le encanta hacerlo, una conveniente solución es rociarle una vez semanalmente con una botella pulverizadora que simule lluvia.

La Ninfa Carolina

La cacatúa ninfa (Nymphicus hollandicus) es una ave endémica de Australia, a la cual se le conoce igualmente con los nombres de carolina o cocotilla. Es un ave de tamaño mediano, de 30 a 33 centímetros y peso de 85 a 115 gramos, la cual es particularmente valorada por su hermosura y temperamento único. Su cuerpo exhibe mayormente una coloración gris y en su cabeza blanquecina sus mejillas son de color naranja. Pueden modular melodías silbadas y articular ciertas palabras. Es una especie de hábitos nómadas que se desplaza de acuerdo a la disponibilidad de agua y comida.

Cuidados

Es muy probable que en cierta fase de su vida, tu ninfa requiera de asistencia profesional, cuando poco sea lo que tu inexperiencia puede lograr. En tales casos no debes titubear y acudir en lo inmediato con el veterinario. Has de llevar a tu ninfa enferma en una caja de pequeñas dimensiones, bien mullida, aislada y ventilada; o en una pajarera de transporte diseñada específicamente con esta finalidad y recubierta con una tela aislante.

Como parte del tratamiento veterinario podría estar incluida una temperatura algo más alta en la pajarera o en la jaula, el uso de luz infrarroja, etc., de acuerdo a la patología o trastorno que haya sido reconocido. Si cuentas con numerosos pájaros, conviene aislar al ave enferma en una jaula hospital o de cuarentena, para impedir que la enfermedad se contagie así como para que el pájaro afectado pueda reposar. De estar el pájaro demasiado enfermo, es conveniente poner más arena de la usual en el piso de la jaula, así el ave enferma puede echarse sobre ella, asimismo colocar una percha lo más baja posible.

Enfermedades de las ninfas

Tipos de Enfermedades de las Ninfas

Son diversas las patologías que podrían afectar a las ninfas, pero por fortuna solo algunas de ellas son frecuentes. Obviamente, en un artículo limitado como éste no es posible enunciar todas las enfermedades de las aves, y asimismo es imposible citar las terapias para cada una de ellas. No obstante, como la compresión de los síntomas de las enfermedades es una inquietud significativa para todo dueño de pájaros, a continuación les dejamos con una lista de las más usuales y/o graves:

Ácaros

Los ácaros presentes en sus plumas pueden ser divididos en ácaros inocuos, que residen sobre su piel así como en sus plumas, y ácaros muy diminutos, que pueden hurgar en el cañón y el folículo. Los primeramente citados, Syringophilus bipectioratus, usualmente se localizan en aves silvestres, ninfas, canarios, y palomas. Habitualmente se alimentan de residuos de las plumas y de la piel y pueden producir irritación que las lleva al mal hábito de quitarse las plumas. Los segundos, Dermoglyphus elongatus, anidan en la estructura de las plumas.

Únicamente se conoce un tratamiento seguro contra los ácaros de las plumas. Y es manteniendo su aviario o jaula lo más aseado posible. Igualmente permita que las aves se bañen las veces que deseen, y procure mantener lejos a las aves salvajes empleando todos los medios de que disponga. Tales iniciativas contribuirán enormemente para  controlar al ácaro rojo de las aves Dermanyssus gallinae. Este parásito reside en el exterior, y suele refugiarse en el día en fisuras y hendiduras de perchas y la caja-nido, surgiendo en las noches para atribular a las aves al alimentarse de su sangre.

Un ácaro no requiere mucha sangre, pero en grandes cantidades estas plagas pueden provocar un daño indescriptible, consumiendo a las aves y diseminado enfermedades. A la hora de anidar, las ninfas pueden encontrarse continua y cruelmente atormentadas por estos parásitos succionadores de sangre. Es de suma relevancia pues que en cada jornada de aseo se examinen a profundidad sus jaulas, aviarios, accesorios, etc., para reconocer la presencia de ácaros. Un cristal de aumento sería de gran ayuda.

Aspergilosos o Neumonía de las Incubadoras

La presencia de esta patología se debe a la inhalación de esporas de hongos, sobre todo las del hongo Aspergillus fumigatus. Algunas plantas, tales como las del tipo Genus Asperula, pueden coadyuvar a la generación de dicha infección. Igualmente el pan enmohecido, las semillas, los desechos, el heno, la paja y otras cosas parecidas pueden provocar aspergilosis.

Enfermedades de las ninfas

Tales esporas suelen producir toxinas venenosas que afectan ciertos tejidos pulmonares, las fosas nasales, cavidades de la cabeza, bolsas de aire, etc., lo que ocasiona una acumulación de pus con apariencia de queso amarillo que, de forma natural, entorpece la respiración profunda y serena. El ave se desinteresa por la comida, con el desgraciado resultado de que va debilitándose cada vez más.

Ciertas aves llegan, inclusive, a sacudir la cabeza y a estirar el cuello repetidas veces como procurando sobreponerse a la obstrucción. Aún no se ha conseguido remedio alguno satisfactorio para remediar esta complicación, por lo que lo más conveniente es acudir a un profesional experto en aves. Desde el punto de vista genético, los ejemplares manifiestan una relativa resistencia hacia esta patología.

La infección vertical de las esporas (por medio del huevo) es probable, pudiendo ocurrir el deceso del embrión o que las crías nazcan infectadas. Esta enfermedad igualmente puede ser contagiada mediante las máquinas incubadoras, de allí que asimismo se denomine “neumonía de las incubadoras”. En el contagio de esta patología es más relevante el entorno que la transmisión de un ejemplar enfermo. La infección de un ejemplar enfermo a otro saludable es bastante difícil, ya que debe existir un íntimo contacto entre ambos.

Bocio

El bocio, el cual es un incremento anormal de la tiroides, usualmente era una enfermedad muy frecuente entre las ninfas en cautividad, agapornis y periquitos. Afortunadamente, esta afección ya no se consigue tanto puesto que la arena para jaulas que se vende hoy día se encuentra tratada con yodo. No obstante, el problema puede manifestarse aún en áreas en que las que al agua potable le falte yodo.

El bocio se encuentra caracterizado por una inflamación externa del cuello del ave. Tal abultamiento, que suele presionar contra el buche y la tráquea, es interno, y cualquier acción, sea volar o correr, provoca que al ave se le agote el aliento con mucha rapidez. Es usual que el ave respire de forma dificultosa, extienda mucho las alas y le cuelguen el buche y el cuello. Asimismo puede proferir un agudo chillido o silbido al respirar. Para ayudarse a respirar con mayor facilidad, el ave con frecuencia descansará su pico contra los barras de la jaula o sobre una percha o rama de árbol cercana.

Enfermedades de las ninfas

Su condición desmejorará de no actuarse de forma inmediata. El ave puede comenzar a marchar en círculos, señal evidente de infección cerebral. Después podría ocurrir su muerte repentina a causa de asfixia, defecto cardiaco o decaimiento debido a la precaria ingesta de comida. En caso de un trastorno grave de la tiroides, suminístrele al ave glicerina de yodo o como opción una mezcla de nueve partes de aceite de parafina por una de glicerina de yodo, suministrándola con un cuentagotas plástico de forma directa en el pico y de modo intermitente por res días, regularmente obra maravillas.

Buche Ácido

El buche ácido es, generalmente, fruto de una obstrucción de la salida del buche a causa de algo que haya ingerido el ave (una pluma diminuta, por ejemplo). Lo contenido en el buche comienza a fermentar liberando dióxido de carbono, y, como consecuencia, el buche se colma de gases. La ninfa expulsa un líquido espumoso, su cabeza y su pico se muestran manchados con mucosidades.

La ninfa debe ser colocada cabeza abajo y se le debe masajear el buche de forma delicada para que expulse el gas y parte del fluido retenido (que es básicamente agua). Trate de mantener al ave caliente y bríndele agua con algo de permanganato de potasio.

Coccidiosis

Los coccidios son protozoos de tamaño microscópico, parásitos que se manifiestan muy raramente en las ninfas. De gran presencia en los excrementos, son ingeridos por las aves y tienden a desarrollarse en los intestinos. Regularmente, no implican ningún riesgo para las ninfas. Las aves pueden encontrarse infectadas por largo tiempo antes de que nadie lo identifique.

No obstante pregunte al veterinario si observa una disminución progresiva del apetito, usualmente en paralelo a la pérdida de peso y heces sueltas sangrantes. Estos signos podrían ser indicativos de un caso de coccidiosis. De llegar a confirmarse, las sulfamidas podrían ser de mucha utilidad. La prevención va a depender de una higiene y salubridad apropiadas.

Enfermedades de las ninfas

Diarrea

Pueden ser varias las razones de los desordenes estomacales de las ninfas. Una de los cuales es la inapropiada alimentación, pobremente escogida o en malas condiciones a causa de su deterioro, o inclusive venenosa. Otras probables causas de la diarrea son la gordura, las infecciones respiratorias o estomacales, el calor exagerado o un excedente de proteínas en la dieta. Adicionalmente, numerosas infecciones bacterianas o víricas producen trastornos estomacales junto con otros signos.

Los signos visibles del daño de las funciones intestinales son la dejadez, una posición encorvada y la diarrea. En los casos graves, el ave deja las perchas para reposar en el piso, con frecuencia postrada en un rincón con la cabeza debajo del ala. El ave tal vez beba algo de agua pero manifestará poco apetito. Las heces serán líquidas. Puede proporcionarle al enfermo té de manzanilla, arroz hervido, hojuelas de avena y ramitas de mijo. Puede igualmente suministrarle agua de arroz por el agua potable usual.

Los albergues con inadecuada ventilación cuando el tiempo es cálido igualmente pueden ocasionar desordenes estomacales, al igual que el frío y las corrientes de aire. Climas extremos, particularmente los cambios súbitos, son un desafío para la salud de sus aves. El agua fría es un inconveniente propio en los aviarios externos, sobre todo en climas rigurosos en los que los dispensadores de agua podrían congelarse y las aves tendrían que estar sin agua por varias horas.

Por un lado, la diarrea puede ser una señal de enorme variedad de patologías propias de las aves; por otro, usted no debe presumir que hay graves problemas de enfermedad si el único síntoma que identifica es la diarrea. Si no hay otras señales de una enfermedad seria particular, puede tratarse sencillamente de un caso de indigestión rutinaria. Una evacuación liquida no siempre es señal de diarrea. Las ninfas podrían estar respondiendo al temor a ser atrapadas con  la mano o inclusive a haber consumido demasiado liquido.

Enfermedades de los Ojos

Las ninfas tienen predisposición a varias clases de infecciones oculares. Unas son producto de la complicación de un resfriado y son provocadas por alguna bacteria o virus. Otras probables causas de las infecciones son la insuficiencia de vitamina A o el empleo de pulverizadores aerosoles o semillas polvorientas que tienden a irritar el ojo. El ave regularmente cierra los ojos afectados, los cuales se encuentran lacrimosos y muestra bordes inflamados (blefaritis).

Enfermedades de las ninfas

Las infecciones bacterianas frecuentemente son provocadas por la suciedad en las perchas. El ave puede adquirir con facilidad una infección al pasar su pico por una percha sucia. Otro elemento en la diseminación de infecciones oculares es el traslado de grandes partidas de aves en cajas diminutas y atestadas. Esta clase de infecciones muestra como resultado una notoria hinchazón de los bordes de habitualmente un solo ojo.

Cambie al ave a un entorno cálido, de preferencia a una jaula hospital. Asee sus ojos con ácido bórico diluido al 5% o coloque una pomada antibiótica oftálmica en dos o tres ocasiones al día. Unos breves días de tratamiento regularmente bastan para asegurar una pronta recuperación.

Los ácaros Knemidókoptes (causantes de las escamas faciales) igualmente podrían irritar de forma indirecta los párpados y los ojos al aparecer las típicas costras en la zona ocular. Aplique una pomada oftálmica de penicilina a las costras y bordes oculares. Una deficiencia de vitamina A puede provocar el surgimiento de menudos bultos semejantes a verrugas en los párpados. Es de bastante ayuda la mejora de la dieta, pero el ave enferma siempre debe aislarse, ya que dichas verrugas pueden ser signo de difteroviruela aviar de los psitácidas, una patología contagiosa que requiere tratamiento veterinario.

Los casos severos de infección ocular pueden llevar a la ceguera completa de uno o de los dos ojos. A ello se llega regularmente antecedido de un constante lloriqueo tras el cual la pupila ocular afectada se torna de un color blanco lechoso. Las aves que resultan parcial o completamente ciegas pueden ser mantenidas vivas en una jaula pequeña. Al inicio, se le coloca el alimento y el agua en el piso de la jaula, preferentemente en un plato de cerámica de poca profundidad. Aunque demora algo, con el tiempo el ave ciega llega a acostumbrarse.

Escamas Faciales

Las escamas faciales suelen provocarlas los ácaros (Knemodoktes pilae), los cuales usualmente atacan el área de la piel que circunda los ojos y el pico, e igualmente, en los casos severos, las patas y los dedos. Estos minúsculos parásitos aracnoides suelen anidar en las capas exteriores de la piel, en las cuales colocan sus huevos. De no ser tratadas, las irritaciones, escamaciones y excrecencias producidas se incrementarán de forma gradual y pueden derivar en severas malformaciones en el pico. La infección se contagiará de un ave a otra de no tomarse ninguna acción preventiva.

Se les puede aplicar benzilbenzoato, gel de petróleo o glicerina a las costras, que son escamas parecidas a celdas de panal de abeja. El aceite mineral es otra alternativa, pero se debe ser cuidadoso en aplicar únicamente sobre el área infectada; no eche nada de aceite en el plumaje. En los casos severos, consulte al veterinario especialista en aves.

Recoja toda costra escamosa que se caiga tan rápido como sea posible y proceda a quemarla. Luego, impida la posterior propagación aseando la jaula, las perchas, las cajas dormitorio y las cajas-nido. Las escamas faciales no conforma una patología peligrosa, pero si una incomodidad engorrosa que necesita enormes cuidados para dar por seguro de que se erradica por completo. Afortunadamente, y aparentemente, las ninfas suelen infectarse con menor frecuencia de escamas faciales que los periquitos, en los que esta enfermedad es sumamente común.

Infecciones Producidas por Eschericia Coli

Las infecciones provocadas por la Escherichia coli, una bacteria gram-negativa, a la que usualmente se conoce como E. coli, pueden suponer serias dificultades para las ninfas. La más importante víctima de la E. coli es el ser humano, pero las aves no son invulnerables a ella. No le crea a que señale que las E. coli son residentes regulares del estomago de las aves. No lo son. Y de diseminarse a los pulmones, al hígado y al corazón, pueden producir una muerte veloz.

La mejor prevención es estar pendientes de la higiene. Se deben lavar las manos antes de transportar aves, elaborar alimentos, supervisar nidos o realizar otras actividades con ellas. Se debe prevenir la contaminación por heces y evite la comida descompuesta, el agua sucia, la suciedad en perchas, las cajas-nido y en los pisos de las jaulas y aviarios, así como cualesquiera otra fuente de contaminación. El tratamiento consta de 3 o 4 gotas de Kaopectate o Pepto-Bismol cada 4 horas, suministrado con un cuentagotas plástico. Esto calmará y protegerá la inflamada zona digestiva.

Infecciones de Uropigio

En ocasiones, el uropigio (glándula sebácea ubicada dorsalmente sobre las últimas vértebras caudales) llega  a infectarse y se puede conformar un absceso si el orificio resulta bloqueado. En tales situaciones, aparece una visible protuberancia en la cola y el ave padece de forma notoria. Un ave cuando sufre picotea y se rasca en el sitio afectado, llegando inclusive a extraerse las plumas próximas a la glándula. Tras algún tiempo, el absceso puede romperse, manchando de sangre las perchas y otros lugares en los que el ave vive. El dueño de aves sensato no debe permitir que esto ocurra.

Una infección crónica regularmente es producida por la producción excesiva de secreciones, así que se pueden calmar los síntomas hasta cierto grado al apretar cuidadosamente la glándula a ciertos intervalos. Si no es suficiente con ello, se requiere a un veterinario de aves, quien procederá a extraer dicho excedente. Con similares  síntomas, igualmente puede manifestarse un tumor en el uropigio. Estos quistes regularmente son benignos, pero en requieren de ser operados, procurando que no ocurra una exagerada pérdida de sangre.

Lombrices

Las infecciones a causa de lombrices en ninfas que viven en aviarios externos son difíciles de impedir. Las lombrices suelen introducirlas aves en libertad que se paran sobre el aviario y dejan precipitar sus heces dentro. Las lombrices estomacales (Áscaris) comienzan como larvas blancas y prolongadas que se desarrollan hasta alcanzar su madurez en los intestinos de las ninfas que se las han tragado. Las lombrices adultas, al mismo tiempo, liberan huevos que son expelidos del cuerpo del ave a través de sus heces.

Las aves infectadas comienzan a perder peso, desarrollan un plumaje escaso y pueden padecer diarrea o estreñimiento. Para corroborar la infección parasitaria, se ha de llevar una muestra de las evacuaciones al veterinario, quien con probabilidad le prescribirá piperacina o levamisol. La mejor prevención es mantener a las ninfas en condiciones de higiene y salud apropiadas. Si el piso del aviario está elaborado con hormigón, una dosis periódica de lavado con agua a presión descartará cualquier excremento infectado.

Los nematodos (Capillaria) comienzan como parásitos redondos como fibras de hilo que llegan a su vida adulta en el buche o en el estomago de la ninfa. Las lombrices adultas liberan huevos que emergen del cuerpo del ave en sus heces. Los signos de su infestación son diarrea y pérdida de peso. Nuevamente, tras el examen veterinario, posiblemente se recetarán piperacina o levamisol, y la prevención va a depender asimismo de una apropiadas higiene y salud.

Picaje

El acto de arrancarse las plumas suele producirse frecuentemente hacia el final de una muda ordinaria o anómala. Es fácil de entender que estos procesos dermatológicos provoquen escozor, que hace que las aves se rasquen y después comiencen a desplumarse (o a desprenderse las plumas). Luego de ello, un ave puede proseguir extrayéndose las plumas, sencillamente para calmar el aburrimiento. Es cierto que este último señalamiento no tiene un fundamento científico sólido, pero hasta ahora parece no haber otra explicación para tal comportamiento.

Es un hecho que las ninfas que no encuentran en que ocuparse en ocasiones terminan arrancándose las plumas de forma habitual, y en unas escasas semanas pueden desplumarse casi completamente. La mayor parte de las aves de pico curvo suelen desarrollar esta mala costumbre, pero particularmente las ninfas y las cacatúas. El hábito de desprenderse las plumas comienza regularmente con que el ave se desprende algunas plumas viejas que deben extirparse (o al menos eso cree el ave).

Más adelante suele dedicar su atención a las plumas nueva, quizás a las que encuentran sin desarrollar. Esto provoca escozor y, probablemente, gratas o estimulantes sensaciones, y entonces ¡comienza y no termina! Cuantiosas plumas suelen ser “mordidas” en la base, quedando únicamente el cálamo. La mejor forma de impedir que las aves sigan arrancándose sus plumas es proporcionarle algo que las ocupe. Proceda a colgar varios cabos gruesos de cordel en el aviario o jaula; o darles ramitas de árboles frutales, de sauce y aligustre. Se ocuparán con alegría jugando y picoteando dichas “golosinas”.

Mejore su alimentación, proporcionándoles particularmente minerales, proteínas, vitaminas y aminoácidos extras. Las ramitas de sauce constan de lignina, aminoácido que es efectivo para sanar. El hecho de desprenderse las plumas puede llevar al canibalismo. Es por ello importante extraerle al ave todas las plumas deterioradas; en seis u ocho semanas nuevas plumas las reemplazarán. De dejarse plumas dañadas, el ave las mordisqueara hasta que en algún momento se dañe la piel, ocasionando una serie de hemorragias y despejando el camino a la probabilidad de una ulterior infección.

Picoteo de los Huevos

Ocasionalmente las ninfas suelen picotear los huevos que reposan en el nido. Disponga medidas de forma inmediata y extraiga al ave autora de la jaula o aviario. No hay causa documentada que explique este comportamiento, pero con seguridad las probabilidades de que ello ocurra son mínimas si usualmente proporciona a sus aves la alimentación, albergue, crianza y entrenamiento apropiados.

Psitacosis

La psitacosis es una patología de loros y periquitos que se denomina ornitosis en otras variedades de aves. Se manifiesta eventualmente en las ninfas. Ésta delicada enfermedad es provocada, en todos los casos, por un parásito intracelular Chlamydia psittaci, que se diferencia de todos los otros microorganismos por su ciclo de crecimiento singular. Suele manifestarse particularmente en operaciones de crías sucias y arribar en aves importadas, sobre todo por aves de contrabando. No se confíe de ninfas con apariencia sucia. Pueden mostrarse sana, pero un examen riguroso tal vez revele que están infectadas.

La psitacosis puede manifestar multiplicidad de síntomas, por lo su diagnóstico es difícil, particularmente en sus etapas iniciales. De forma general, comienza con un fuerte resfriado, el goteo húmedo de las fosas nasales, trastornos respiratorios y una respiración ronca y con silbidos. El animal parece exhausto y con frecuencia presenta diarrea. Antes de que la enfermedad se considere como fatal, frecuentemente el ave padece calambres.

Quistes de las Plumas

Otra condición que ocasionalmente se manifiesta en las ninfas son los quites en las alas. Estos abultamientos, que no deben ser confundidos con tumores, son fruto del desarrollo del cañón de una pluma dentro del folículo de la pluma. Las plumas se apiñan bajo la piel y no pueden emerger. Al crecer más las plumas bajo la piel, mayor se hace el quiste. De llegar a abrirse, podría verse que el quiste está compuesto de una sustancia similar al queso. Un quiste sin tratamiento, se abrirá con el tiempo, por lo que hay posibilidad de una posterior infección.

En ciertos casos, el ave misma picotea el quiste ya abierto. La secreción resultante suele endurecerse al contacto con el aire y conformará una costra que crecerá con la pluma, para finalmente desprenderse. Si un ave cuenta con varios quistes de este tipo, solo el veterinario es el responsable de extirpar de forma quirúrgica tanto los quistes como las plumas anómalas. Los quistes localizados en la espalda o en la cola conviene extraerlos completamente.

Retención de Huevos

Las ninfas que se encuentran debidamente albergadas y alimentadas poco padecen la retención del huevo, una dificultad que ocasiona que el ave no pueda liberar un huevo que está presto para salir. La hembra aquejada tiene apariencia de encontrarse enferma, se encorva, regularmente está en el piso (ocasionalmente dentro de la caja-nido), se desplazada poco y, frecuentemente es fácil cogerla con la mano. Si toca su vientre, notará rápidamente el inconveniente: el huevo está bloqueado.

Normalmente, un huevo no se mantiene más de 24 horas en la amplia zona que va desde el ovario a la cloaca, ni en la cloaca misma. En el instante oportuno, los músculos de la parte baja del ovario empujan hacia el interior de la cloaca y así, en breve tiempo, expelen el huevo fuera del cuerpo. Los músculos participantes pueden dejar de trabajar a causa de un resfriado, al estrés nervioso, a haber criado numerosas veces ese año, al poco tono muscular  o a una falta de calcio y/o ciertas vitaminas.

Otro motivo de la retención del huevo es que estos no posean cáscara o la tengan muy delgada (huevos “de viento”). La retención se puede evitar en situaciones normales. Obviamente, se requiere prepararse para la prevención de cualquier insuficiencia de vitaminas o minerales. Conviene asegurarse de que la ninfa goza de una alimentación balanceada mientras se encuentra criando, que disponga un apropiado aporte de alimento verde y semillas en brote.

Una precaución adicional para aminorar la posibilidad de que presente la retención del huevo reside en no comenzar a hacer criar sus aves muy pronto en la época de cría. La temperatura y la humedad no son con probabilidad las más idóneas tan pronto. Jamás haga criar a hembras que son muy jóvenes. Afortunadamente, la retención del huevo es totalmente curable, siempre y cuando se proceda lo suficientemente rápido. Lo primero es utilizar un cuentagotas plástico para colocar algunas gotas de aceite mineral caliente en la cloaca, con el propósito de que el huevo pueda deslizarse con mayor suavidad.

Salmonela

La salmonela ocasiona numerosas víctimas entre las ninfas más jóvenes. La bacteria salmonela, similar a una varilla, produce diarrea, dolor en las coyunturas y trastornos nerviosos. Las bacterias se transmiten por medio de las heces de las aves infectadas o de su saliva (al ser alimentados los polluelos por sus progenitores). Los microbios de la salmonela igualmente pueden meterse en los huevos. Hay cuatro variedades de la enfermedad que en ocasiones se manifiestan todas a la vez.

  • Salmonela intestinal: las bacterias atraviesan las paredes intestinales, lo que produce diarrea con heces fétidas, densas, verdes o marrones, envueltas de mucosidad y que tiene pedazos de alimentos no digeridos. (El color verde en las heces puede señalar igualmente infección de bilis).
  • Salmonela de las articulaciones: una poderosa infección intestinal puede ocasionar que las bacterias se incorporen al torrente sanguíneo e infecten todo el organismo del ave, inclusive las articulaciones óseas, con el correspondiente dolor y provocando una fuerte inflamación. El ave infectada solo logra calmar el dolor al dejar de emplear alas y patas.
  • Salmonela de los órganos: tras el ingreso de las bacterias en el torrente sanguíneo, podrían llegar a infectar todos los órganos internos, particularmente el hígado, los riñones, el páncreas y el corazón, así como variadas glándulas. El ave afectada se torna inactiva, permanece decaída en un rincón de la jaula o del aviario, al tanto su respirar se vuelve intermitente y su visión se reduce.
  • Salmonela de los nervios: la salmonela puede afectar a los nervios y la espina dorsal, lo que puede producir la pérdida de balance y parálisis. Los síntomas característicos son la dificultad para voltear el cuello, el desaseo de la cloaca y contracciones similares a espasmos en los dedos de las patas.

Las ninfas contagiadas por la salmonela muestran graves problemas estomacales a los tres o cuatro días. Las bacterias proliferan en el revestimiento intestinal y terminar por pasar al torrente sanguíneo. Las víctimas surgen con rapidez entre las aves jóvenes carentes de inmunidad. Las aves mayores, no obstante, incuban la enfermedad por bastante tiempo, y de no tratárseles apropiadamente devienen en portadoras con el poder de contagiar a otras aves por medio de sus oviductos y sus heces. Grandes pérdidas de aves jóvenes en la temporada de cría son señal inequívoca de presencia de salmonelosis.

Obesidad

Las ninfas que no se ejercitan lo suficiente debido a lo reducido de sus jaulas o porque no cuentan con abundantes juguetes que las ocupen pueden tender engordar mucho. Aquellas que no reciben una nutrición apropiada son asimismo probables víctimas de la gordura. El proceso de engordar mucho es sumamente lento. Los dueños deben estar alerta y seguir con cuidado los primeros signos de obesidad.

Cuando a una ninfa se le dificulta posarse en su percha, las cosas ya han llegado muy lejos. El ave puede sentarse al fondo de la jaula, adormilada y jadeando con pesadez. Las líneas de su cuerpo se hacen obtusas, pesadas y abombadas, y la piel revela una apariencia amarillenta que puede notar al soplar las plumas del pecho o del vientre. Ello es grasa que brilla bajo su piel. Las ninfas que padecen de obesidad llegan a tener una vida mucho más breve que aquellas que realizan suficiente ejercicio y tienen múltiples intereses.

Al ave obesa le cuesta mudar y regularmente se encuentra postrada con rostro de aburrimiento. Deben evitar que sus ninfas engorden, y si alguna padece de peso excesivo, debe tomar acciones correctivas. Lo primero es lograr que las aves hagan abundante ejercicio. La segunda medida es mejorar su alimentación, suministrándoles enormes cantidades de verduras bien lavadas o frutas carentes de productos químicos. No les proporcione alimentos con un elevado contenido de proteína o grasa.

Muda

La muda no es una condición patológica. Las plumas de las ninfas se encuentran sometidas a un enorme desgaste y daño, de tal manera que las consecuencias del tiempo y del viento, el acicalado, la elaboración del nido, los polluelos rondando entre ellas procurando calor, todo ello las perjudica en gran medida. Éste es el motivo por el cual mudan su plumaje una vez cada año.

En efecto, las aves de pico curvo mudan a lo largo de todo el año, con el arribo del verano, luego de la temporada de reproducción y cuando las crías se han independizado. Se puede inferir a partir de ello que las funciones de los órganos sexuales (testículos, ovarios, etc.) se encuentran íntimamente vinculadas con la muda. Adicionalmente, una muda regular, sin inconvenientes, va a depender de la época del año, de la temperatura, de la humedad y de la alimentación de la ninfa.

Se puede reconocer que la muda es mayor luego de una primavera cálida y un buen inicio del verano que en los meses fríos y húmedos. En ciertos casos, un ave se encuentra tan ansiosa de mudar que constantemente encrespa y sacude sus plumas, llegando inclusive a desprendérselas con el pico, con lo que consigue, se presume, cierto alivio. Regularmente, no obstante, ésta es una época de reposo para las ninfas, en la que rehúyen a toda actividad inútil. Estudios han demostrado que la temperatura corporal de un ave es algo más elevada de lo normal a lo largo de la muda.

Pero en una muda desfavorable la temperatura puede reducirse. En dicho período, las ninfas requieren una dieta abundante en proteínas (las plumas están conformadas por proteínas en un 88%). Igualmente son vulnerables a fracturas de huesos, a causa de la reabsorción de calcio del tejido óseo. Como las plumas nuevas están constituidas de proteínas, hay la posibilidad de que un ave que obtenga raciones insuficientes las destine para completar su alimentación.

Eventualmente, una ninfa puede sufrir la pérdida de muchas plumas de una sola vez y tener problemas para sustituirlas. Tal muda se denomina anómala. Una ninfa que suele perder plumas en la estación incorrecta, igualmente está padeciendo una muda anómala. En la mayor parte de los casos, estas mudas anómalas son provocadas por factores ambientales externos como temperaturas inusitadamente elevadas o bajas, alteraciones súbitas del clima, sobresaltos, patologías o miedos. Una de las causas más frecuentes de muda anómala es una disfunción de la tiroides.

Otra clase de muda es la denominada muda por alteración o sobresalto (muda de “shock”), en la que la ninfa, repentinamente, empieza a perder plumas fuera de la temporada normal de muda. Tal muda puede suceder si el ave está sujeta a sobresaltos o tiene temor; por ende, es mejor tratarlas con cuidado y ternura, particularmente a aquellas de reciente adquisición y que están aún reconociendo su entorno.

Igualmente deben dejarse tranquilas a las ninfas jóvenes para que de forma progresiva, pero segura, se vayan habituando a su dueño y a su entorno. Por ello es fundamental no molestarlas por las noches. Los gatos, lechuzas, comadrejas, ratones, ratas y otras criaturas similares deben ser mantenidos distantes del aviario para que no sobresalten a las ninfas y les produzcan una muda de “shock”.

Han sido reportados casos de aves con la muda de “shock” que fueron extraídas para ser tratadas de una enfermedad totalmente distinta. Con esta clase de muda la ninfa regularmente pierde las plumas de la cola o del plumón, pero muy raramente las plumas de las alas. La muda de las plumas de la cola puede equipararse a la auto-mutilación (o pérdida de la cola) de muchas variedades de lagarto.

La Muda Francesca

La mayor parte de los admiradores de aves saben lo que es la muda francesa, pese por fortuna es poco frecuente en agapornis y ninfas. Regularmente se inicia en las aves jóvenes cuando aún se encuentran en el nido. Se han planteado numerosas teorías en referencia a lo que provoca la muda francesa, pero no hay evidencia alguna de que sea provocada por un virus.

Mayormente en los casos de muda francesa, un ave que se encuentra a punto de abandonar el nido y se escapa de forma repentina perderá su cola y sus plumas de vuelo recién conseguidas, o éstas se romperán. Normalmente, las plumas afectadas son las originales de vuelo y de la cola, pero en los casos severos asimismo son incluidas las plumas secundarias.

¡No es extraño contemplar aves completamente desplumadas! Al contrario, ciertos casos de muda francesa son tan imperceptibles que son casi o totalmente irreconocibles; unas aves solo pierden unas escasas plumas de la cola e inclusive pueden volar. Es interesante notar que en la muda francesa las plumas se pierden con frecuencia  de forma simétrica. Una revisión diaria de las ninfas con dicha enfermedad revelará que las plumas primarias internas son regularmente las que son inicialmente afectadas. Únicamente se pierden las plumas que crecen; a las que ya crecido por completo no les afectan.

Resfriados

Las complicaciones respiratorias pueden ser producto de toda clase de problemas: corrientes de aire, temperaturas muy frías, carencia de vitamina A, estrés nervioso, y exposición a variadas bacterias, hongos y virus. Podrá reconocer que su ninfa presenta dificultades respiratorias si su respirar es rápida y escuchable. Dejará el pico abierto y sacudirá la cola arriba y abajo. La ninfa estornudará y toserá, presentará excreciones nasales y se mostrará inapetente. En la mayor parte de los casos, se echará desalentada en un rincón con las plumas erizadas.

Congelación

Las ninfas cuentan con unas patas denominadas cigodáctilos, que quiere decir dos dedos que apuntan hacia delante y dos hacia atrás, los cuales tiene predisposición a congelarse. Los días de gran frialdad de invierno implican la posibilidad de que los dedos de sus patas lleguen a congelarse. La congelación puede ocurrir cuando las ninfas están aferradas por mucho tiempo a la tela metálica, y en ocasiones tienden a hacerlo si se encuentran asustadas.

Las perchas muy delgadas suelen igualmente ser problemáticas ya que los dedos de las patas de las aves se encuentran relativamente descubiertos y, por ende, no están abrigados por las plumas. En tales casos, obviamente se requiere cambiar las perchas. Si emplea cajas dormitorio, recubra su fondo con una capa separada de turba de musgo. La parte congeladas se tornan oscuras, agarrotadas y duras, que posteriormente se secan y desprenden sin daño evidente para el ave. A la primera señal de infección, trate la herida de inmediato con yodo no cáustico. El veterinario suele recetar alguna clase de crema.

Envenenamiento

El envenenamiento igualmente puede provocar trastornos intestinales. Las aves pueden llegar a envenenarse con comida descompuesta o con sustancia toxicas. No deje expuesta al ave a insecticidas u otros aerosoles químicos. De sospechar que sus ninfas se encuentran  envenenadas, cámbielas en un entorno cálido y bien dotado de alimento verde fresco y agua potable en la que se haya mezclado algo de bicarbonato de soda (cerca de 1 gramo por vaso colmado de agua). Otros efectivos purgantes son la leche fresca o unas gotas de Pepto-Bismol. Jamás les proporcione bicarbonato de soda por más de tres días continuos.

Puede acontecer una clase especial de envenenamiento al consumir las aves cantidades exageradas de proteínas, particularmente en la temporada de reproducción. Las aves afectadas suelen mostrar repentinamente todos los síntomas característicos del envenenamiento: parecen decaídas y adormecidas, manifiestan una respiración penosa y ya no vuelan. Con frecuencia padecen fuertes diarreas, las cuales pueden inclusive  llevarla a una muerte rápida.

Fracturas

Las fracturas de patas o alas pueden ser evitadas manipulando a las aves de forma cuidadosa y resguardándolas de perros que ladren y gatos que merodeen. De ocurrir un accidente, asesórese con un veterinario especializado, empero si se siente capacitado para tratar una pata rota por su cuenta, proceda a enderezar las partes fracturadas y a entablillar la fractura a ambos costados de la pata con un par de palos delgados. Procure mantener las tablillas en su sitio mientras enrolla fuertemente con gasas alrededor de la pata y abraza luego con tela adhesiva. Lo que se quiere es limitar cualquier movimiento en el lugar de la fractura.

En ocasiones es fácil confundir un músculo que se desgarró con una pata rota. Esto puede suceder cuando un ave realiza movimientos desesperados para librarse tras resultar atrapada en la tela metálica. Los músculos desgarrados no sanan con mucha facilidad. Puede procurar inmovilizar la pata aquejada con un vendaje, con la intención de mantenerla estática al tanto la naturaleza sigue su curso.

Las alas rotas y caídas es más conveniente vendarlas con gasa. Para ello ha de hacer un corte en la gasa, después introduzca el ala doblada por medio del corte. Se ha de enrollar gasa alrededor del cuerpo y fijar el ala a una pata para impedir que se deslice hacia fuera. Ha de asegurarse que el vendaje se encuentre fuerte sin que apriete mucho al ave. Pese a que la mayor parte de las aves se habitúan a la pata o ala tratada, ciertos pacientes deberán llevar un collar isabelino para impedir que se picoteen en sus heridas.

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