Las Aves Acuáticas de Agua Dulce y Marinas

Las aves acuáticas del entorno marino son una clase de aves que han logrado adaptarse a la vida en esa clase de ambientes salados. Si bien es cierto que son muy diferentes entre ellas, en lo que respecta a la clase de vida que llevan, así como su carácter, su comportamiento y su fisiología, es frecuente observar que han ocurrido casos de evolución convergente. Si quieres saber más sobre las Aves Acuáticas, te invitamos a seguir leyendo.

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Las Aves Acuáticas

Tal como te comentamos antes, en las distintas clases de aves acuáticas que viven en el entorno marino, se han encontrado fenómenos de evolución adaptativa convergente, lo cual quiere decir que han llegado a desarrollar adaptaciones evolutivas parecidas frente a problemas de la misma índole, en relación con el medio ambiente, en particular en lo que se refiere a sus nichos de alimentación.

Las primeras acuáticas que viven en el medio marino lograron evolucionar durante el período cretácico, de acuerdo a los estudios paleontológicos, pero las familias modernas se ha comprobado que tuvieron su origen en el período del paleógeno.​

En líneas generales, las aves acuáticas que viven en el mar, son muy longevas, lo que quiere decir que tienen largas expectativas de vida, además llegan a la madurez sexual para reproducirse muy tarde y en sus poblaciones se van a encontrar menos individuos jóvenes, a los cuales los ejemplares adultos tienen que dedicarles mucho tiempo, para tener éxito en su crianza.

Muchísimas de las especies de aves acuáticas tienen la costumbre de anidar en colonias, las cuales, dependiendo de la especie, pueden variar en cantidad de individuos desde una docena de aves y hasta millones de ellas. Otras especies son reconocidas por efectuar largas migraciones anuales, lo que las lleva a cruzar el ecuador y, en muchos casos, darle la vuelta a la tierra.

Esta clase de aves son capaces de alimentarse en la superficie del océano o tienen la capacidad de zambullirse y obtener alimento de las profundidades, o pueden hacerlo de las dos maneras. Algunas especies se consideran pelágicas, lo que quiere decir que son costeras, mientras que otras especies pasan un gran período del año totalmente alejadas del mar.

La morfología de las aves acuáticas del entorno marino va a estar condicionado por múltiples factores. Un ejemplo de ello es la simetría del cuerpo de las aves, que es una consecuencia del tipo y la función de su vuelo, que puede ser agrupado en categorías de caza, desplazamiento a lugares de anidación o reproducción, y migración.

Un ave acuática posee, como término medio, una masa corporal que se encuentra cercana a los 700 g, posee una envergadura de alas de 1,09 m y un área total de alas de 0,103 m². No obstante, estas mediciones van a depender del mecanismo de vuelo y del origen de la especie.

Las aves acuáticas que viven en el mar han mantenido una larga historia de convivencia con el hombre, pues desde tiempos inmemoriales han formado parte de la dieta de los cazadores, los pescadores se han servido de ellas para encontrar los bancos de pesca y han sido capaces de lograr guiar a los marineros hacia las costas. En razón de que varias de estas especies se encuentran amenazadas por actividades humanas, los movimientos a favor de la conservación ambiental las estudian mucho y están pendientes de ellas todo el tiempo.

Clasificación de las Aves Acuáticas

Tenemos que decirte que no hay una definición única con la que se pueda establecer cuáles grupos, familias y especies son aves acuáticas del mar y la mayoría, de alguna forma, puede considerarse como clasificaciones arbitrarias. La denominación ave acuática o ave marina no posee valor taxonómico alguno; simplemente se trata de una agrupación, que pudiera ser considerada un poco artificial, que no se utiliza en los ámbitos científicos de la clasificación.

Lo que se podría pensar es que se trata de una especie de clasificación taxonómica popular, ya que encierra muchos grupos taxonómicos, aunque excluye algunas especies. Quizás la única particularidad que poseen en común estas aves es que se alimentan en las grandes extensiones de agua de mar, pero, tal como ocurre con la mayor parte de las afirmaciones que se emplean en biología, algunas no lo hacen.​

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De una manera convencional, es posible clasificar como aves acuáticas del entorno marino todas las esfenisciformes​ y procelariformes, al igual que todos los pelecaniformes, con excepción de los aníngidos y algunos caradriformes, entre los cuáles se encuentran los estercoráridos, láridos, estéridos, álcidos y rincópidos. Es común que se incluyan igualmente a los falaropos, debido a que, a pesar de que se trata de aves limícolas, dos de sus tres especies son oceánicas durante nueve meses al año, período en el cual cruzan el ecuador y se alimentan en el mar abierto.

Se incluyen también las gaviformes y podicipediformes, que hacen sus nidos en los lagos, pero pasan el período de invierno en el mar, por lo que se categorizan como aves acuáticas. Aunque existen algunos merginos que están incluidos en la familia Anatidae, que son realmente marinas en invierno, han sido excluidas por convenio de esta clasificación. Muchas aves limícolas y ardeidas podrían ser consideradas marinas, en razón de que su hábitat se encuentra en la costa, pero no se las clasifica de esta forma.

Evolución de las Aves Acuáticas y Registro Fósil

Las aves acuáticas que viven en el mar, debido a que pasan su vida en medios sedimentarios, esto es, en hábitats en los que hay una sedimentación de materiales que es casi permanente, se encuentran muy bien representadas en el registro fósil.​ Se tiene conocimiento de que tuvieron su origen en el período cretácico.

Un ejemplo de ello es que a este período pertenecen las hesperornithiformes, que son un grupo de aves que no volaban, que eran parecidas a los somorgujos, que tenían la capacidad de bucear en manera parecida a estos y a los colimbos, empleando sus patas para desplazarse debajo del agua, ​si bien esta familia del cretácico tenía un pico con dientes afilados.

A pesar de que las hesperornis no parece haber dejado descendencia, las primeras aves acuáticas marinas modernas también surgieron en el período cretácico, con una especie que ha sido denominada Tytthostonyx glauconiticus, que pareciera estar relacionada con los procelariformes o con los pelecaniformes.

En el período paleógeno, los mares se encuentran dominados por los primeros proceláridos, pingüinos gigantes y dos familias extintas, que fueron las pelagornithidae y las plotopteridae, que fueron un grupo de aves de gran tamaño y parecidos a los pingüinos. Los géneros modernos empezaron a expandirse en el período del mioceno, aunque las puffinus, que abarca a las hoy conocidas pardela pichoneta y pardela sombría, datan de la época del oligoceno.

La gran variedad de aves acuáticas que viven en el mar, aparentemente, tuvo su origen en el período del mioceno tardío y el plioceno. Al final de este último, la cadena trófica oceánica se modificó, por causa de que ocurrió una gran extinción de cantidad de especies, así como también ocurrió una gran expansión de la cantidad de mamíferos en el mar, aspectos que impidieron que las aves acuáticas recuperaran su anterior diversidad.

Características de las Aves Acuáticas

Las características de las aves acuáticas que viven en el mar son varias, así que vamos a tratar de explicarte cada una de ellas:

Adaptaciones para la vida marítima

Los cormoranes, tal como ocurre con el cormorán orejudo, exhiben una capa de plumas que es única, porque dejan pasar menor cantidad de aire, pero de todas maneras logra absorber el agua. Esta adaptación les permite termorregularse y luchar contra la flotabilidad natural.

Las aves acuáticas del mar cuentan con muchas evoluciones adaptativas para poder vivir y alimentarse en los océanos. La forma de sus alas se ha originado en el nicho en el que evolucionaron, de manera tal que, cuando las mira un científico, será capaz de reconocer información relacionada con su comportamiento y alimentación.

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De hecho, unas alas largas y una carga alar baja son particulares de una especie pelágica, en cambio, las aves que son buceadoras van a exhibir unas alas más cortas. Algunas especies, como es el caso del albatros viajero, que encuentra su alimento en la superficie de los océanos, tienen una capacidad reducida de vuelo autopropulsado y dependen de una clase de planeo que recibe el nombre de dinámico, en el que el viento desviado por las olas hace que el ave se eleve, así como del planeo de ascenso o descenso.

El caso de varios álcidos, pingüinos y petreles exhiben unas alas con las que pueden nadar debajo del mar y en algunos casos, como el de los pingüinos, no tienen la capacidad de volar. Estas aves sin capaces de bucear hasta 250 metros y pueden almacenar oxígeno, bien sea en sacos de aire o por medio de la mioglobina que poseen sus músculos.

Los pingüinos poseen un mayor volumen sanguíneo, lo cual les facilita poder almacenar más oxígeno. Al momento de tener que bucear, también son capaces de disminuir su frecuencia cardíaca y llevar sangre solamente hasta sus órganos vitales.​ Casi todas las aves acuáticas que viven en el mar poseen patas que son palmeadas, lo cual les permite movilizarse fácilmente en la superficie y, en el caso de varias especies, bucear.

Los procelariformes tienen un sentido del olfato que es inusualmente fuerte para un ave, y llegan a emplearlo para conseguir su alimento en las enormes superficies de los océanos, y probablemente también lo emplean para poder localizar sus colonias.​

Las glándulas supraorbitales que poseen las aves acuáticas del mar les permiten poder osmorregularse y eliminar la sal que van ingiriendo al beber y al alimentarse en esas aguas, en especial si se trata de crustáceos. Las excreciones de esas glándulas, que se ubican en el área de la cabeza del ave, surgen de su cavidad nasal y son casi totalmente cloruro de sodio, aunque también se pueden encontrar pequeñas proporciones de potasio y bicarbonato, junto con una mínima porción de urea.​

Estas glándulas se encuentran bajo el control del nervio parasimpático y su actividad puede ser detenida con anestesia y con drogas tales como los inhibidores del dióxido de carbono. Se trata de una evolución adaptativa que ha sido fundamental, en razón de que los riñones de estas aves no tienen la capacidad de procesar y eliminar estas concentraciones tan elevadas de sal.

Aunque es cierto que todas las aves presentan una glándula nasal, la misma no se encuentra tan desarrollada como la de los cormoranes o los pingüinos.​ Es más, las aves acuáticas marinas poseen unas glándulas supraorbitales de un tamaño de diez a cien veces mayor que las que tienen las aves terrestres, debido a que ello va a depender de la cantidad de sal a la que se encuentran expuestas en su recorrido y alimentación.

La regulación hiposmótica, esto es, el mecanismo por el que logran conservarse los organismos que tienen su hábitat en condiciones de extrema salinidad, se puede dar también por medio de la reducción de los flujos disparativos, como es el caso de la orina, que es reducida, para evitar que se pierda el agua del organismo de forma innecesaria.​

Con excepción de los cormoranes y varios estérnidos, y de manera parecida a la mayoría de las aves, todas las aves acuáticas que viven en el mar tienen un plumaje que resiste al agua. No obstante, si se las compara con las especies que habitan en la tierra, tienen más plumas, con la finalidad de poder proteger su cuerpo. Este plumaje denso es lo que evita que el ave se moje; igualmente esta capa de plumón evita que el ave tenga frío.

Los cormoranes exhiben una capa de plumas única, porque deja pasar menos aire y, como efecto de ello, hace que absorban agua, lo que les facilita poder nadar sin tener que luchar contra la flotabilidad que causa la retención del aire entre las plumas, aunque igualmente son capaces de retener la cantidad de aire suficiente como para evitar que pierdan demasiado calor al estar en contacto con el agua.​

El plumaje de la mayor cantidad de las aves acuáticas del mar, que por evolución se ha ceñido a colores como el negro, blanco o gris, por supuesto que es de menor colorido que el plumaje que tienen las aves que viven en la tierra.​ Aunque algunas especies exhiben plumas que son vistosas, como las aves acuáticas tropicales o ciertos pingüinos, pero esa modificación de color se va a encontrar en los picos y patas.

El plumaje de las aves acuáticas que tienen su hábitat en los océanos les sirve como camuflaje, de forma defensiva, como es el caso del colorido del plumaje del pato-petrel antártico, que fue copiado para pintar los acorazados de la Armada de los Estados Unidos, logra reducir su visibilidad en el mar; mientras que puede tener una función agresiva en el caso de la sección blanca inferior que tienen muchas especies, que las ayuda a esconderse de sus presas debajo.​ La razón por la cual las puntas de las alas de esta clase de aves es negra, producto de una acumulación de melanina, es poder impedir que se deteriores las plumas, especialmente por la fricción.

Dieta y Alimentación

Las aves acuáticas que habitan en el mar lograron evolucionar para poder encontrar su alimento de los mares y océanos; es más, su fisiología y comportamiento se han tenido que adaptar a su dieta.​

Esas condiciones de vida han ocasionado que especies de distintas familias e inclusive, de órdenes diferentes, han logrado desarrollar estrategias parecidas ante los mismos problemas del entorno, lo que es un excelente ejemplo de evolución convergente, como se puede observar entre los pingüinos y los álcidos.

De acuerdo a los estudios realizados, se ha llegado a la conclusión de que se pueden observar cuatro estrategias básicas que emplean las aves para alimentarse en el mar, que son alimentarse de la superficie, perseguir la comida buceando, realizar una caída en picado y depredar vertebrados de mayor tamaño. Aunque, por supuesto, entre estas cuatro estrategias se pueden conseguir múltiples variaciones.

Alimentación en superficie

Muchas especies de aves acuáticas que viven en los entornos marinos obtienen su alimento de la superficie del océano, en razón de que las corrientes tienen la capacidad de lograr concentraciones de alimento como el kril, los peces forrajeros, los calamares y otras presas que pueden tener al alcance de su pico con solo hundir la cabeza en el agua.

Esta metodología puede ser dividida en dos tipos que son la alimentación en la superficie del agua en pleno vuelo, algo que son capaces de hacer los petreles, las fragatas y los hidrobátidos, y la alimentación durante la natación, que es como obtienen su alimento los fulmares, las gaviotas, varias pardelas y los petreles.

Digamos que en la primera categoría nos vamos a encontrar con algunas de las aves acuáticas marinas que son más acrobáticas. Algunas son capaces de tomar sus bocados desde el agua, como ocurre con las fragatas y algunos estérnidos, y otras hacen una especie de caminata y hasta logran corretear y dar vueltas por encima de la superficie del agua, como es el caso de algunos hidrobátidos.

Muchas de ellas ni siquiera requieren aterrizar en el agua para alimentarse, y algunas, como las fragatas, van a tener dificultades para reemprender el vuelo si llegan a posarse en el agua. Otra familia que no necesita aterrizar en el agua para alimentarse es la Rynchopidae, que posee una técnica única para cazar, ya que vuela muy cerca de la superficie de agua con la mandíbula abierta, la cual va a cerrar automáticamente en el momento en que su pico toque algo. Es por ello que su pico refleja esta clase de método de caza especial y es que su maxilar inferior es más largo que el superior.​

En el interior de este grupo, muchas de las aves que nadan igualmente exhiben picos peculiares, que han logrado adaptarse para dar casa a una clase de presa en particular. Las aves de los géneros Pachyptila y Halobaena tienen unos picos con filtros, que han recibido el nombre de laminillas, con los cuales pueden filtrar el plancton desde el agua que beben.

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Muchos albatros y petreles poseen picos que tienen la forma de un gancho con el que pueden cazar a sus presas, que se mueven rápidamente. Las gaviotas posen picos que son menos especializados, lo cual muestra su estilo de vida, que es más oportunista.​ En la provincia de Buenos Aires, las gaviotas obtienen un gran beneficio de las actividades pesqueras y consumen los ejemplares jóvenes de anchoíta y corvina rubia. La gaviota cocinera es, en el interior del grupo de los láridos, la que tiene un espectro trófico más amplio; mientras que la gaviota de Olrog es más bien especializada.​

Buceo de persecución

El pingüino barbijo es una de las especies de aves acuáticas del mar que persigue su alimento buceando. El buceo de persecución es el que requiere mayor presión por parte de las aves marinas con relación a su fisiología y a sus patrones de evolución, pero obtienen una recompensa que es la de poder tener una mayor área de alimentación que la de las aves que se quedan únicamente en la superficie.

Son capaces de efectuar una propulsión debajo del agua con la ayuda de sus alas, como ocurre con los pingüinos, los álcidos, los pelecanoides y algunas especies de petreles, o se propulsan con sus patas, como ocurre con los cormoranes, los somorgujos, los colimbos y algunos tipos de patos que comen peces.

En líneas generales, las aves que se impulsan con las alas suelen ser más veloces que las que lo hacen con las patas.​ Pero, en ambos casos, el poder emplear las alas o las patas para bucear ha tenido como efecto que se haya limitado la utilidad de las mismas para otras situaciones, como ocurre con los somorgujos y colimbos, que caminan con gran dificultad, los pingüinos que no pueden volar y los álcidos que perdieron la eficacia de su vuelo para poder bucear mejor.

Un ejemplo de ello es el alca común, que requiere de un 64 % más de energía para volar que un petrel que posea un tamaño igual.​ Muchas especies de pardelas se encuentran en un sitio intermedio entre ambos recursos, dado que tienen alas más largas que las típicas aves buceadoras impulsados por sus alas, pero poseen mayor carga alar que los otros proceláridos que se alimentan en la superficie; esto les da la capacidad de bucear a grandes profundidades, a la vez que les permite cubrir grandes distancias de manera eficiente.

Dentro de esta familia, la mejor de las aves buceadoras es la pardela de Tasmania, que ha podido ser registrada nadando a 70 metros bajo el nivel del mar.​ Varias especies de albatros también son capaces de bucear, aunque de manera limitada, mientras que el albatros tiznado puede llegar a los 12 metros de profundidad.

De todas las aves buceadoras que se empeñan en perseguir a sus presas, las más eficientes en el aire son los albatros, y no resulta ser una coincidencia que se trata de las que peor nadan. En el caso de las zonas polares y subpolares, esta es la manera que más se emplea por la aves acuáticas del mar para encontrar su alimento, debido a que no es energéticamente viable hacerlo en las aguas que sean más cálidas. Debido a no poseen la habilidad de volar, muchas aves buceadoras se encuentran más limitadas en su área de alimentación que otras, en particular en la temporada de reproducción, cuando los pichones requieren alimentarse de manera regular por sus padres.​

Caída en picada

Los alcatraces, los piqueros, los fetontiformes, algunos estérnidos y el pelícano pardo son capaces de zambullirse en picado desde el aire. Esto les facilita el uso de la energía de ese impulso para romper con la línea de flotabilidad natural, que se causa por el aire que se queda atrapado en el plumaje,​ y emplear menos cantidad de energía que las otras buceadoras.

Gracias a ello, son capaces de poder utilizar los recursos alimenticios que se encuentran distribuidos de forma más extensa, en particular, en el caso de los mares tropicales que se han visto sobreexplotados. En general, se trata de una manera de cazar más especializada entre las aves marinas; otras que tienen hábitos más generales, como es el caso de las gaviotas y los págalos, lo utilizan, pero con menor habilidad y desde menores alturas.

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Los pelícanos pardos tardan años en poder desarrollar en su totalidad la destreza que se requiere para poder realizar la caída en picado, una vez que lo han logrado, son capaces de zambullirse desde 20 metros de altura sobre la superficie del agua y adecúan su cuerpo antes de que se produzca el impacto, con lo que evitan sufrir lesiones.​ Otro elemento que ha sido sugerido, es que este grupo de aves sólo es capaz de cazar en aguas claras, debido a que podrían tener una mejor visión de sus presas desde el aire.

Si bien, este método se utiliza mayormente en los trópicos, la vinculación entre esta técnica y la claridad del agua no se encuentra totalmente demostrada.​ Varias especies que utilizan esta técnica, así como las aves que se alimentan en la superficie, dependen absolutamente de los atunes y delfines que son los que llevan a los cardúmenes hacia la superficie, para poder alimentarse.​

Cleptoparasitismo, carroña y depredación

Esta categoría es muy amplia y se encuentra referida a otras estrategias que emplean aves acuáticas que viven en el entorno marino, que forman parte del próximo nivel trófico. Los cleptoparásitos son aves marinas que normalmente se alimentan de la comida de otras aves. Ese es el caso mayoritario de las fragatas y los págalos, que emplean esta técnica de alimentación, aunque las gaviotas, los charranes y otras especies también son capaces de robar comida de manera oportunista.

El hábito que tienen algunas especies de aves de anidar de noche ha sido interpretado como una manera de evitar la presión que es ejercida sobre ellas por esta piratería aérea. Lo normal es que esta clase de comportamientos se vuelva común en la época de la cría de los pichones, cuando los padres llevan comida hacia los nidos y son interceptados por adultos jóvenes, que son más rápidos y más agresivos que las aves de más edad.

Es más, se ha comprobado que los cleptoparásitos pueden elegir muy bien a sus víctimas. No obstante, el cleptoparasitismo no tiene un papel preponderante en la dieta de ninguna especie de aves, de lo que se trata es de un suplemento nutricional que se obtiene por medio de la caza. Un estudio realizado sobre cómo la fragata común se dedica a robar el alimento del alcatraz enmascarado, llegó a la conclusión de que la primera pudo obtener en el mejor de los casos un 40 % de la comida que necesita, pero en promedio solo obtuvo un 5 %.

Muchas especies de gaviotas se alimentan de carroña de aves o mamíferos marinos cada vez que se les presenta la oportunidad, al igual que los petreles gigantes. Varias especies de albatros también son aves que comen carroña, un análisis de los picos de los albatros ha revelado que muchos de los calamares que comieron son demasiado grandes como para haber sido atrapados vivos y eso ha incluido especies que son de aguas de profundidad media, lo cual se encuentra fuera del alcance de estas aves.

Se ha comprobado que algunas especies también se alimentan de otras aves marinas, como es el caso de las gaviotas, los págalos y los pelícanos, que cuando tienen la oportunidad depredan los huevos, los pichones y los adultos jóvenes de las colonias de nidos. Igualmente, los petreles gigantes pueden capturar presas del tamaño de pequeños pingüinos y crías de foca.​

Ciclo de Vida de las Aves Acuáticas

La vida de las aves acuáticas que viven en el mar es diferente a la vida de las aves que tienen su hábitat en tierra. De modo general, son seres estrategas, y logran vivir una mayor cantidad de tiempo, que ha sido calculado entre los veinte y sesenta años, pero también es cierto que su primer apareamiento no ocurre hasta que han cumplido los diez años e invierten también un mayor esfuerzo en menor cantidad de crías.

Muchas de las especies solo tienen una puesta por año, a menos que por algún accidente hayan perdido la primera puesta, con excepciones como es el caso del mégulo sombrío​ y muchas especies, como los procelariformes o los súlidos, solo son capaces de poner un huevo al año.​

Las aves acuáticas que tienen un hábitat marino cuidan de los jóvenes por un lapso muy largo, que puede llegar a durar hasta los seis meses, que es un período muy largo entre las aves. Un ejemplo de ello es que, una vez que los pichones del arao común emplumecen, todavía van a permanecer con sus padres en el mar por muchos meses.

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Las fragatas son las aves que exhiben el mayor cuidado parental, con excepción de unas pocas aves de presa y del cálao terrestre sureño, que es una especie en la que los polluelos obtienen sus plumas tras cuatro o seis meses y luego permanecen al cuidado de sus padres por catorce meses más.

Debido a lo extenso del período de cuidado parental de sus crías, la reproducción de estas aves sólo ocurre cada dos años, en vez de ser anual. Este modo de ciclo de vida posiblemente evolucionó en a raíz de las dificultades de la vida marina, sobre todo lo que tiene que ver con la cacería de presas que se encuentran muy dispersas, así como la cantidad de fracasos en la reproducción en razón de que haya condiciones marinas que sean poco favorables y la relativa falta de predadores en comparación con las aves que viven en la tierra.​

Gracias a que emplean una mayor cantidad de esfuerzo en poder criar a los jóvenes y porque por lo general encontrar el alimento los obliga a desplazarse lejos del sitio donde se encuentra su nido, en todas las especies marinas, a excepción de los falaropos, ambos padres tienen que tomar parte en el cuidado de los polluelos y las parejas son monogámicas, por lo menos por una temporada.

Muchas especies, como las gaviotas, los álcidos y los pingüinos, son capaces de conservar la misma pareja durante muchas temporadas, y muchas especies de petreles, son pareja de por vida. Los albatros y los proceláridos, que hacen pareja de por vida, necesitan de varios años de cortejo para poder establecer un lazo de pareja antes de tener crías, en el caso de los albatros, existe una danza de cortejo muy elaborada que es parte de la formación de este vínculo.​

Anidación y Formación de Colonias

El 95 % de las aves acuáticas marinas forman colonias, las cuales se encuentran entre los más grandes asentamientos de aves en el mundo. Se han llegado a documentar colonias de más de un millón de aves, tanto en los trópicos, como ocurre en Kiritimati en el Pacífico, como en latitudes polares, que es el caso de la Antártida. Estos grandes grupos sirven casi exclusivamente para anidar.​ Cuando no se encuentran en la temporada de apareamiento, las aves no reproductoras se asientan en zonas donde existe la mayor cantidad de presas.​

La forma en que se colocan las colonias es muy cambiante. Es posible conseguir nidos individuales distribuidos con bastante espacio entre sí, como ocurre en una colonia de albatros, o concentrados, como ocurre con una colonia de araos. En la mayoría de estas colonias pueden anidar varias especies, aunque separadas visiblemente por alguna especie de diferenciación de nichos.

Las aves acuáticas que viven en el mar pueden anidar en los árboles, si es que se encuentran en ese lugar, pero también en plantas, construyendo a veces sus nidos encima de ellas, acantilados, madrigueras subterráneas y grietas rocosas. En este aspecto se ha podido observar un fuerte comportamiento territorial de las aves marinas de la misma especie o de otra distinta. De hecho hay aves agresivas como los charranes sombríos que expulsan a especies menos dominantes de los espacios para anidar que son más deseados.

En la época de invierno, el petrel evade competir con la pardela del Pacífico, que es más agresiva, en cuanto a los terrenos para anidar. En caso de que las temporadas de apareamiento se superpongan, las pardelas del Pacífico pueden matar petreles jóvenes para poder utilizar sus madrigueras.​

Son fieles al lugar donde nacieron, de igual manera utilizan su mismo escondite o lugar de asentamiento por muchos años, procediendo a defender de forma agresiva lo que consideran su territorio de aquellos a los que considera sus rivales.​ Esto ha hecho que se incremente su éxito reproductivo, proporcionando un lugar para que las parejas se junten y se minimiza el esfuerzo de buscar un nuevo sitio para anidar.

No obstante, la búsqueda de un lugar para anidar puede tener buenos resultados en el caso del apareamiento, si el nuevo terreno resulta productivo.​ Por lo general, los adultos jóvenes que se aparean por vez primera regresan a su colonia natal y anidan cerca de donde nacieron. Esta costumbre, que se conoce con el nombre de filopatría, es tan fuerte que un estudio sobre los albatros de Laysan dio como resultado que la distancia promedio entre el sitio de en el que nació el ave y el lugar donde el ave estableció su propio nido era de 22 metros.

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Otro estudio, pero realizado con pardelas cenicientas que anidan cerca de la isla de Córcega, reveló que nueve de cada 61 jóvenes machos volvieron a aparearse a su colonia natal y anidaron en el escondite en el que crecieron, incluso dos lograron aparearon con su propia madre. La filopatría parece que propicia el éxito del apareamiento e influye sobre la elección de pareja en el caso del alcatraz de El Cabo y del alcatraz australiano.

Las colonias de estas aves se ubican normalmente en islas, acantilados o cabos, en zonas en las que los mamíferos tienen un difícil acceso.​ Probablemente esto les ofrece una protección adicional a estas aves, que por el común suelen encontrarse desprotegidas en tierra. La formación de colonias aparece en familias de aves que no defienden sus áreas de alimentación, como es el caso de las salanganas, que tienen una fuente de alimento que es muy cambiante y puede ser que esta sea la causa por la que aparece con mayor frecuencia en las aves acuáticas que viven en el mar.

Otro posible beneficio de vivir en colonias es que las mismas pueden funcionar como centros de información, en los que las aves acuáticas marinas, que toman el vuelo para alimentarse en el mar, son capaces de saber qué clase de presas son las que se encuentran disponibles, con sólo observar a las otras aves que habitan la colonia cuando regresan.

De otra parte, también se pueden encontrar desventajas, y es que vivir en una colonia implica que las enfermedades se pueden propagar de forma muy veloz. Otra es que las colonias suelen llamar la atención de los depredadores, en particular por lo que se refiere a otras aves. Muchas especies de aves coloniales se han visto obligadas a regresar a sus nidos en horario nocturno para evitar la depredación.​

Migración

Un ejemplo de aves acuáticas que tienen su hábitat en el mar y que migran son los pelícanos que llegan todos los años a Cuba desde América del Norte la época de invierno en el hemisferio septentrional. De la misma forma en que los hacen otras especies, las aves marinas tienen la costumbre de migrar cuando se ha terminado la temporada de apareamiento.

De todas las aves que migran, el recorrido realizado por el charrán ártico es el más largo, pues esta ave cruza el ecuador terrestre para pasar el verano austral en la Antártida. Otras especies igualmente hacen viajes que traspasan el ecuador, tanto desde el sir hacia el norte como en el sentido contrario. La población de charranes elegantes que tienen sus nidos en Baja California se separa luego del período de apareamiento en grupos que viajan al norte hasta, la costa central de California, mientras otros viajan al sur hasta Perú y Chile para establecerse en el área de la corriente de Humboldt.

Las pardelas sombrías también hacen un ciclo de migración anual que rivaliza con el de los charranes árticos. Se trata de aves que hacen sus nidos en Nueva Zelanda y Chile y durante el verano boreal migran hacia las costas del Pacífico Norte, en lugares como Japón, Alaska y California, haciendo un recorrido anual de 64 000 kilómetros.

Otras especies de aves acuáticas migran distancias más cortas desde los lugares de anidación y su distribución en alta mar se determina por la existencia de alimentos. En caso de que las condiciones del océano no sean las adecuadas, las aves acuáticas marinas migran a zonas en las que existan mejores condiciones, convirtiéndose en un destino permanente si se trata de un ave que es muy joven.

Luego de emplumar, las aves jóvenes tienden a dispersarse más que las adultas y en distintas zonas, por lo que no es infrecuente que sean observadas fuera de la distribución geográfica normal de la especie. Algunas de ellas, como los álcidos, no poseen una migración de forma organizada, pero el grupo es capaz de dirigirse hacia el sur cuando viene la época de invierno. Sin embargo, otras especies de aves no se dispersan, como ocurre en algunos hidrobátidos, pelecanoides y falacrocorácidos, sino que se quedan cerca del área de sus colonias de anidación durante todo el año.

Fuera del mar

Si bien, la definición de este grupo de aves da la idea de que pasan su vida en el océano, muchas especies de aves acuáticas marinas a lo largo de su vida llegan a residir en una menor o mayor proporción en áreas ubicadas tierra adentro.​ Múltiples especies se reproducen decenas, cientos o incluso miles de kilómetros en sitios muy alejados de la costa. Algunas de estas especies regresan al océano para alimentarse; como ejemplo de ello, se han encontrado nidos de petreles blancos situados a 480 km en el interior del continente antártico, aunque resulta poco probable que sea un lugar en el que puedan encontrar algo con que alimentarse cerca de esos lugares.

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El mérgulo jaspeado anida en bosques primarios y busca coníferas de gran tamaño y muchas ramas para construir su nido en ese lugar.​ Otras especies, como la gaviota californiana, hacen sus nidos y se alimentan en los lagos, aunque después se dirigen a las costas en el invierno. Algunas especies de falacrocorácidos, pelícanos, gaviotas y charranes nunca llegan a ir al mar, sino que se quedan en lagos, ríos y pantanos; algunas gaviotas se quedan en ciudades y terrenos agrícolas. En estos casos, se dice que son aves terrestres o de agua dulce que poseen ancestros marinos.

Algunas aves acuáticas marinas, en particular, las que anidan en la tundra, como es el caso de los estercoráridos y los falaropos, migran por tierra también. ​Otras especies, como los petreles, alcas y alcatraces, poseen unos hábitos más limitados, pero de vez en cuando se alejan del mar como vagabundos. Esto ocurre con frecuencia en aves jóvenes que no poseen experiencia, pero también le ocurre a muchos adultos que se encuentran exhaustos que pasan por fuertes tormentas, lo que es conocido con el nombre de wreck, lo que quiere decir literalmente naufragio,​ por medio de los cuales los observadores de aves hacen muchos avistamientos.​

Relaciones con el ser humano

Desde tiempos inmemoriales, esta clase de aves han mantenido una relación con los seres humanos, así que vamos a analizar varios aspectos de ellas:

Las aves marinas y la pesca

Las aves acuáticas que viven en el océano, poseen una larga asociación con la pesca y los marineros, de las cuales se han derivado beneficios y desventajas. De forma tradicional, los pescadores han empleado a las aves marinas como señales de la presencia de cardúmenes de peces, así como​ de los bancos oceánicos con potenciales recursos pesqueros y con posibles lugares para recalar.

De hecho, es muy reconocida la asociación de las aves acuáticas marinas con la tierra que fue fundamental para posibilitar que los polinesios localizaran pequeñas islas en el Pacífico. Igualmente, estas aves han proporcionado alimento a los pescadores que se han encontrado alejados de tierra firme, al igual que cebo. Inclusive, se han empleado cormoranes atados para poder capturar peces. De forma indirecta, la pesca se ha beneficiado del guano producido por las colonias de aves, debido a que es un excelente fertilizante para las playas de los alrededores.​

En cuanto a los efectos negativos que producen las aves acuáticas del mar sobre las industrias pesqueras se circunscriben, en su mayoría, a saqueos que se producen en las plantas de acuicultura. Por su parte, en la pesca con palangre, estas aves se roban los cebos. De hecho, también hay informes de agotamiento de presas por causa de las aves marinas, pero, aunque existen algunas pruebas de ello, sus efectos se consideran menores a los que producen los mamíferos marinos y los peces depredadores, como es el caso del atún.​

Varias especies de aves acuáticas del océano se han visto beneficiadas de las industrias pesqueras, en particular de los peces y despojos descartados. Un ejemplo de ello es que estos últimos son el 30 % de la dieta de estas aves en el mar del Norte y hasta el 70 % del alimento en otras poblaciones de aves marinas.​ Esta clase de actividades pueden tener otros efectos, como puede ser el caso de la proliferación del fulmar boreal dentro del territorio británico, que ha sido atribuida en parte a la disponibilidad de esta clase de descartes.

Generalmente los descartes benefician a las aves que se alimentan en la superficie del mar, como es el caso de los alcatraces y petreles, pero no a las aves que persiguen la comida buceando, como es el caso de los pingüinos.​ Por otra parte, las industrias pesqueras igualmente producen efectos negativos sobre las aves acuáticas del mar, en especial, sobre el albatros, que tiene una vida muy larga y tardan mucho en llegar a la madurez sexual y lograr aparearse; esto es una preocupación relevante para los conservacionistas.

El caso de las capturas accidentales de aves que se quedan atrapadas en redes o enganchadas en líneas de pesca ha tenido un efectos muy negativo en la cantidad de individuos de sus poblaciones; como ejemplo de ello, los estudiosos estiman que 100 000 albatros se enredan y se ahogan cada año en las líneas de atún que se colocan por la actividad pesquera con palangre.

Pero, en líneas generales, cada año cientos de miles de aves han sido objeto de captura y mueren, algo que preocupa mucho al considerar algunas de las especies más raras, como es el caso de los albatros de cola corta, es que su población de ha visto reducida a sólo 2000 individuos. De acuerdo a un estudio llevado a cabo por el Programa Nacional de Observadores a Bordo de la Flota Atunera de Uruguay, las especies que son más afectadas por esta clase de incidentes con la pesca palangrera son el albatros de ceja negra, el albatros pico fino y la pardela gorgiblanca. Se cree que las aves marinas también sufren las consecuencias de la sobrepesca.

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Explotación

Otro aspecto que ha contribuido a la alarmante disminución de la población de aves acuáticas es la cacería de la que han sido objetos y la recolección de sus huevos, con fines de consumo humano, incluso ello ha provocado la extinción de algunas especies, entre las que se encuentra el alca gigante y el cormorán brillante. Estas especies de aves fueron cazadas para consumir su carne por los habitantes costeros desde hace muchísimo tiempo; es más, hacia el sur de Chile algunas excavaciones arqueológicas que fueron llevadas a cabo en muladares mostraron que la caza de albatros, cormoranes y pardelas era una actividad usual desde hace unos 5000 años atrás.

Esa fue la razón de que varias especies llegaran a la extinción en distintos sitios, en especial, alrededor de  20 de 29 especies que acostumbraban a hacerlo ya no se reproducen en la isla de Pascua. Durante el siglo XIX, la caza de esas aves por su grasa y plumas para ser comercializadas en el mercado de los sombreros llegó a niveles industriales.

El muttonbirding, que fue la recolección de polluelos de pardela tuvo lugar como industria desarrollada de gran relevancia en Nueva Zelanda y Tasmania, y el caso del petrel de Solander, que es conocido en esas zonas como providence petrel, fue muy famoso por su llegada en apariencia milagrosa en la isla de Norfolk, en la que tuvo lugar una ganancia inesperada para los hambrientos colonos europeos.

En el caso de las islas Malvinas, se sabe que cientos de miles de pingüinos son objeto de captura anual para poder obtener su aceite.​ Por mucho tiempo, los huevos de las aves acuáticas que tienen su hábitat en el mar han sido una fuente importante de alimento para los marineros que hacen largos viajes, e igualmente se ha observado que también se ha incrementado su consumo en los momentos en que los asentamientos urbanos han crecido en zonas cercanas a una colonia de aves.

A mediados del siglo XIX, los recolectores de huevos de San Francisco fueron capaces de recolectar alrededor de medio millón de huevos en un año en las islas Farallón, un período histórico de dichas islas del que las aves aún se están tratando de recuperar. Lamentablemente, tanto la caza como la recolección de huevos se sigue haciendo en la actualidad, aunque no con la misma intensidad que en tiempos pasados, y de forma general podría decirse que con un mayor control.

Un caso particular es el de los maoríes que habitan la isla Stewart, quienes continúan recolectando los polluelos de pardela sombría, de la misma forma en que se ha hecho a través de los siglos, con sus métodos tradicionales, que han recibido el nombre de kaitiakitanga, para encargarse de la recolección, aunque ahora lo hacen en colaboración con la Universidad de Otago, para poder estudiar las poblaciones de aves. No obstante, en Groenlandia todavía continúa la cacería sin control, lo que está orillando a varias especies a un descenso de su población que es muy prolongado.

Otras amenazas

Existen otras amenazas humanas que han contribuido a disminuir o directamente a extinguir poblaciones, colonias y especies de aves acuáticas marinas. De estas, es probable que la más grave haya sido la introducción de especies foráneas. Las aves acuáticas del mar, que colocan sus nidos en particular en pequeñas islas aisladas, han olvidado muchos de sus comportamientos defensivos que solían emplear contra los depredadores.

Esto es lo que ha ocurrido con los gatos salvajes, quienes tienen la capacidad de atrapar aves de una talla parecida a los albatros, y multitud de roedores que fueron introducidos, tales como la rata de Polinesia, quienes pueden robarse los huevos escondidos en las madrigueras. Otro inconveniente lo representan las cabras, las vacas, los conejos y otros herbívoros introducidos quienes han logrado causar problemas, sobre todo cuando las especies requieren de vegetación para protegerse o para dar sombra a sus polluelos.​

Pero un gran problema en las colonias lo han creado los seres humanos, que perturban su normal existencia. Aquellos que las visitan, inclusive los turistas que tienen buenas intencionados, son capaces de espantar a los adultos de los nidos, lo que provoca que los huevos y polluelos sean abandonados y quedan en estado de vulnerabilidad frente a los depredadores.

En otros supuestos, puede ocurrir que los nidos son destruidos por los visitantes. Varios estudios que han sido elaborados con relación a los pingüinos de la Patagonia argentina y de Nueva Zelanda han demostrado que el turismo influye en las condiciones de vida de esas aves. Una investigación sobre el impacto del turismo natural en las colonias de los pingüinos ojigualdos probó que la presencia de los seres humanos en las playas ha impedido que los adultos encuentren la cantidad de alimento que se requiere para sus pichones, lo que produce un gran efecto en la masa corporal y en sus posibilidades de sobrevivir.

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No obstante, otra investigación ha sugerido que el caso del pingüino de Magallanes, que también habita en la Patagonia, es muy singular porque no abandona su nido frente a la presencia de seres humanos, lo que ha llevado a la conclusión de que es posible que se haga coincidir la reproducción de esta especie con el turismo ecológico controlado.​

Pero el gran problema es la contaminación, que ha provocado una reducción importante en algunas especies. El grado de afectación del medio ambiente de algunas toxinas y sustancias contaminantes igualmente es causa de una seria preocupación.​ Las aves acuáticas marinas fueron víctimas del DDT hasta que por fortuna se prohibió el uso de ese químico por el daño que provoca al medio ambiente; es más, sus efectos en la gaviota occidental tuvieron como efecto que la mayoría de los nuevos nacimientos fueran hembras, pero también provocaron malformaciones en el desarrollo del embrión y dificultad para la reproducción.

Esta sustancia llegó a afectar en la década de los años 90 al pingüino de Magallanes y a la gaviota cocinera en el mar Argentino.​ Las aves acuáticas marinas también se han visto afectadas por los derrames de petróleo, porque esa sustancia destruye la impermeabilidad de su plumaje, lo cual causa que estas aves se ahoguen o que lleguen a morir por causa de la hipotermia.​ Otro tipo de contaminación que también las afecta es la lumínica, que tiene un efecto perjudicial en algunas especies, en particular en las aves acuáticas del mar que tienen hábitos nocturnos, como es el caso de los petreles.​

Conservación

La protección de las aves acuáticas marinas es una práctica que puede considerarse antigua, porque en el siglo VI, Cuthbert de Lindisfarne ya había logrado promulgar lo que hoy se considera como la primera ley de conservación de las aves en las islas Farne.​ Aunque muchas especies habían desaparecido para el siglo XIX, como es el caso del alca gigante, el cormorán de Pallas o el pato del Labrador.

A finales de ese siglo entraron en vigencia las primeras leyes que tuvieron como objeto la protección de las aves, así como reglamentos de cacería que directamente prohibieron el uso de los perdigones de plomo, por haber envenenado a muchas aves.

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El envenenamiento por plomo en las aves acuáticas es la causa anemia severa y de trastornos de los sistemas circulatorio, inmune y nervioso, al igual que trastornos en el hígado, los riñones y en su fertilidad. Esta clase de envenenamientos pueden llevar un ave a la muerte en unos días o semanas, pero otro inconveniente que generan es que producen efectos negativos en la capacidad de las aves para poder hacer sus migraciones.​

En los Estados Unidos, los riesgos que amenazan la existencia de las aves acuáticas marinas no son desconocidas por los científicos que forman parte del movimiento conservacionista. En el año de 1903 el presidente Theodore Roosevelt declaró que la isla Pelícano, en Florida, debía ser considerada como refugio nacional de la vida silvestre, con el objetivo de proteger a las colonias de aves, en particular el pelícano pardo que coloca sus nidos en ella.

En el año 1909 el mismo presidente dictó una declaración que protegió las islas Farallón. A día de hoy, muchas colonias disfrutan de medidas de protección, como las que se reúnen en la isla Heron en Australia o en la isla Triangle en la Columbia Británica.​ Otra iniciativa son las técnicas que se han empleado para la restauración ecológica, en las que Nueva Zelanda ha resultado ser la pionera, han permitido la remoción de especies invasoras exóticas de esas islas, que son cada vez más grandes.

De hecho, se ha conseguido expulsar a los gatos salvajes de la isla Ascensión, al igual que ha ocurrido con los zorros polares de las islas Aleutianas y las ratas de la isla Campbell.​ La remoción de estas especies introducidas ha permitido que aumentara la cantidad de ejemplares de las especies que se encontraban bajo presión de estos depredadores, e incluso el retorno de especies que se habían expatriado han regresado. Después de que los gatos fueran expulsados de la isla Ascensión, las aves marinas regresaron a anidar allí por primera vez en más de cien años.

Las investigaciones de las colonias de las aves acuáticas marinas van a permitir que se mejore su posibilidad de conservación y de proteger las áreas que emplean para su reproducción. En el caso del cormorán moñudo, que habita en el Paleártico occidental, sus migraciones están fijadas por su fidelidad a un lugar. Un estudio sobre la colonia de las islas Cíes en España ha concluido que, debido a que la reproducción ha resultado más exitosa cuando estas aves conquistan lugares nuevos, entonces los criterios de protección no solo deben estar basados en el número o el tamaño de las poblaciones, sino que deben tener en cuenta la etiología de la especie.

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En el caso de la gaviota cocinera, que coloca sus nidos en el litoral argentino y la Patagonia, también se piensa que es necesario diseñar programas de conservación que tomen en consideración sus hábitos de apareamiento.​ Además, ciertas aves marinas pueden actuar como especies centinela, esto es, que su estado de salud y conservación sirve como el indicador del resto de las poblaciones de aves. Este es el caso del pelícano pardo en las islas del golfo de California, en México.

El verdadero estado de conservación de las aves marinas en España no fue objeto de estudio, siendo ignorado hasta la década de los años 80, cuando los datos empezaron a recopilarse y a encontrarse disponibles. Igualmente, desde el año 1954, que fue cuando se creó la Sociedad Española de Ornitología, se considera que la situación de las aves en el país mejoró.​ En 2016 se creó en Pontevedra, Galicia, la Reserva Ornitológica de O Grove, que fue la primera de esa región y que posee territorios marinos, y en ella se pueden observar especies como la pardela balear y el cormorán moñudo.

Paralelamente, en Latinoamérica, igualmente hay iniciativas que tienen como objetivo proteger a la fauna y a las aves acuáticas marinas, como las investigaciones que se hacen en la reserva natural de la isla Gorgona en Colombia, o las numerosas áreas protegidas en la provincia de Buenos Aires, en Argentina. Pero hoy se insiste en que para garantizar la conservación de las aves acuáticas marinas es necesario considerar su etología y sus ciclos de apareamiento.

Una de las iniciativas que deben potenciarse es la que busca la reducción de la mortandad de las aves acuáticas que tienen su hábitat en el mar por la pesca con palangre que emplean técnicas como usar líneas de pesca de noche, o que tiñen los anzuelos de color azul o que lo colocan debajo del agua, como el aumento del peso de sus líneas o utilizar espantapájaros. Hoy, cada vez más flotas pesqueras internacionales han sido obligadas a usar esa clase de técnicas.

La prohibición internacional de pescar con redes de enmalle ha logrado que se reduzca la cantidad de aves y otros animales marinos. Aunque, de todas formas, las redes que se quedan a la deriva, lo que normalmente es producto de un accidente que es consecuencia de este tipo de pesca ilegal, siguen siendo un problema grave para la fauna marina.​

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Uno de los proyectos del Milenio, que resulta ser un paso previo para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio, que lleva a cabo en el Reino Unido la Scottish Seabird Centre, que se localiza cerca de los grandes refugios de aves en la Roca Bass, en Fidra y en las islas de los alrededores. Esa zona es el hábitat de enormes colonias de alcatraces, auks, estercoráridos y otras especies.

Este centro hace posible que los visitantes vean videos en vivo desde las islas y aprendan sobre las amenazas bajo las que se encuentran estas aves y cuál es la mejor manera de protegerlas; además, se ha mejorado la imagen que tiene ese país sobre la conservación de aves. El turismo que se enfoca en la observación de las aves acuáticas marinas produce ingresos a las comunidades de la costa y da mayor impulso y conocimiento sobre su cuidado. Ese es el caso de la colonia de albatros real del norte en Taiaroa Head, en Nueva Zelanda, que atrae a cuarenta mil turistas por año.

En cuanto a las medidas de protección de estas aves hacia finales del siglo XX, ésta ha estado acompañada por la protección de sus hábitats, en particular en lo que se refiere a la conservación o manejo de recuperación de lagunas, estuarios, marismas, sitios de invernada o descanso, así como la protección de sus recursos de alimentación, por medio de una regulación del estado de las especies para la cacería y que no son objeto de estudio científico.

Entre los acuerdos y convenciones internacionales que se han alcanzado, se encuentra el Acuerdo sobre la Conservación de Albatros y Petreles que ha sido ratificado por Argentina, Australia, Brasil, Chile, Ecuador, España, Francia, Noruega, Nueva Zelanda, Perú, el Reino Unido, Sudáfrica y Uruguay,​ el Convenio de Berna​ y el AEWA.​

En la cultura popular

Es cierto que muchas especies de aves acuáticas marinas han sido poco estudiadas y que son pocas las cosas que se conocen de ellas. No obstante, algunas como ocurre con los albatros y las gaviotas, no sólo han sido muy estudiadas, sino que han sido cercanas a las poblaciones humanas, por lo que han llegado hasta la conciencia popular. Los albatros han sido descritos como los pájaros más legendarios​ y son asociados a una variedad de mitos y leyendas.

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En primer lugar, el nombre científico de la familia a la que pertenecen los albatros, Diomedeidae, se encuentra vasado en el mito de la derrota del héroe argivo Diomedes y su metamorfosis en ave. ​Otro ejemplo es la superstición de los marineros, ya que consideran que es de mala suerte causarles daño. Se trata de un mito que ha tenido su origen en el poema de Samuel Taylor Coleridge, The Rime of the Ancient Mariner, en el que un marinero es condenado a portar el cadáver del albatros que mató sobre el cuello.

El segundo poema de Las flores del Mal de Charles Baudelaire se llama precisamente El albatros (L’albatros), que es una composición en tres cuartetos y en verso alejandrino; en ese poema, el yo lírico describe el hábito de los marineros de cazar estas aves y también el efecto que esto produce en ellas, primero tan majestuosas y luego tan torpes. El poeta se compara con un albatros, porque sus alas de gigante le impiden caminar.

En la música popular esta ave también tuvo importancia. La canción de electro house I’m an Albatraoz del año 2014, que tuvo un gran reconocimiento comercial y fama, trata sobre la historia de una mujer que se identifica con un albatros, en oposición a otra, llamada Laurie y que es asociada con un ratón.

Las gaviotas son de las aves acuáticas del mar más conocidas, debido a que son capaces de usar los hábitats hechos por el hombre, como es el caso de las ciudades y los vertederos, y su carácter que es frecuentemente intrépido. Por tanto, se trata de otras aves que tienen su lugar en la conciencia popular. De acuerdo al mito de los indígenas lilloet, la gaviota es la que guardaba la luz del día, hasta que el cuervo se la robó; lo que resulta muy coherente con la simbología general de las aves, que representan un impulso de elevación y espiritualidad.

También las podemos encontrar en la literatura en forma de metáfora, como es el caso del libro Juan Salvador Gaviota de Richard Bach,​ o para denotar cercanía al mar, como su uso en El Señor de los Anillos de J. R. R. Tolkien, tanto en la insignia de Gondor y, por consiguiente, Númenor, que se usó en la decoración escénica de la adaptación cinematográfica, como en la canción que Legolas canta en el bosque de Ithilien, en la que revela su nostalgia por la tierra a la que partirá, la morada última de los elfos.

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Otro ejemplo lo podemos encontrar en la gaviota de Antón Chéjov, sobre una actriz fracasada que protagoniza la historia, Nina, quien observa a una gaviota embalsamada y la considera un símbolo que no termina de entender; este objeto es una prolepsis del suicidio de su enamorado, el dramaturgo Tréplev.​

La gaviota en esta obra puede representar la locura y la libertad. Otras especies también han servido como inspiración para el ser humano, pues desde hace mucho tiempo, los pelícanos han sido asociados con la misericordia y el altruismo, en razón de un mito cristiano occidental temprano que indica que estas aves abrieron sus pechos para alimentar a sus pichones hambrientos. De hecho, se trata de una imagen que es una alegoría de Cristo.

Aves acuáticas marinas en peligro

En todo el planeta existen alrededor de trescientas especies de aves acuáticas que tienen su hábitat en el mar, que conforman unos seiscientos treinta millones de individuos en total, de las que hay ciento diez especies que se encuentran amenazadas, y que son unos sesenta millones de individuos, que han sufrido una disminución del 70 % desde el año 1950. Las amenazas más relevantes han sido la alteración del hábitat, la contaminación, el cambio climático y la pesca comercial.

Existen nueve órdenes de aves marinas:

  • Fetontiformes, con tres especies conocidas como rabijuncos;
  • Pelecaniformes, con tres especies de pelicanos, sin amenazas;
  • Podicipediformes, con cuatro especies de zampullines y somormujos, con una amenazada, el zampullín cuellirojo;
  • Gaviformes, con cinco especies de colimbos, buceadores, sin amenazas;
  • Esfenisciformes, con dieciocho especies de pingüinos, diez especies amenazadas;
  • Anseriformes, con ciento ochenta especies en tres familias, pero solo veintiuna especies de aves marinas, entre ellas patos, serretas y éideres, de las que cuatro están amenazadas;
  • Suliformes, con cuarenta y cinco especies de aves marinas, entre ellas fragatas y cormoranes, de las que quince están amenazadas;
  • Caradriformes, con ciento veintiuna especies, entre ellas gaviotas, charranes y frailecillos, de las que dieciséis están amenazadas; y
  • Procelariformes con ciento cuarenta especies, entre ellas albatros, pardelas, petreles, de las que sesenta y cuatro están amenazadas.

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Las aves acuáticas de humedal de agua dulce

En esta sección del artículo vamos a comentarte sobre las aves acuáticas que viven en áreas de humedales, que solemos encontrarnos cuando hacemos viajes vacacionales o de fines de semana, y en los que de vez en cuando cruzamos por áreas en las que hay acumulaciones de agua, bien sean lagos, salinas, pantanos, u otros, en las que es normal que encontremos un observatorio de madera al que las personas se acercan a mirar.

Una vez en su interior, las personas se asoman y miran el paisaje, para observar gran cantidad de aves y luego se regresan a sus casas, pero no es necesario entrar en las casetas de madera para poder observar esas aves, porque las zonas húmedas son los lugares en los que se puede encontrar la mayor cantidad de especies de aves.

En un humedal, lo más usual es que puedas encontrar decenas de especies de aves acuáticas, pero hay algunas que, por lo comunes que son, casi siempre las vas a encontrar. Es más, suelen ser tan comunes que cuando llevéis un tiempo en esto buscar y de observar aves, tu cerebro las va a ignorar por completo. Esto es lo que normalmente ocurre con las Anátidas (patos) más comunes como lo son el ánade azulón, la cerceta común, la cuchara común y el porrón europeo, y aprovechamos para informar que a los comúnmente conocidos como patos en el vocabulario que se usa en la ornitología se les llama anátidas, por pertenecer a la familia anatidae.

Las cuatro especies comunes de anátidas que hemos mencionado antes como muy comunes, poseen poblaciones reproductoras e invernantes en España, así que serás capaz de poder verlas en las cuatro estaciones del año, aunque resulta que la cerceta y la cuchara son un poco escasas en primavera y verano y lo más probable es que no las veáis en esas épocas. Otro aspecto llamativo de estas aves es que poseen un gran dimorfismo sexuado, porque los machos, como ocurre con muchas aves, son los que tienen los colores llamativos, pero al mismo tiempo eso implica que es a ellos a los que les corresponde hacer el cortejo.

El que más se conoce de todos ellos es, probablemente, el ánade azulón (Anas platyrhynchos), que también recibe el nombre de ánade real. Se trata del típico pato que tiene el cuello verde y que se puede encontrar en todos los jardines que poseen un estanque, incluso se pueden bañar en tu piscina si así lo quieren, pero también las vas a poder observar en el campo.

La cerceta común (Anas crecca), en cambio, tiene el aspecto de un minipato a su lado, en razón de que poseen un tamaño menor y es más compacta. El pato cuchara común (Anas clypeata) también posee una cabeza de color verde pero tienen un pico muy grande, que exhibe la forma de una cuchara y que les sirve para poder filtrar el alimento del agua.

El porrón europeo (Aythya ferina) es difícil de confundir por su cabeza en forma de punta y por tener mofletes o quijadas de color marrón intenso, lo que va a contrastar con el color negro de su pecho y su cuerpo claro. Las hembras y los jóvenes, por el contrario, son ejemplares más discretos, gracias a sus colores marrones jaspeados, que son una especie de camuflaje, ya que ellas son las encargadas de proteger a la descendencia y tienen que pasar desapercibidas.

Entonces, ¿cómo distinguirlas?

La forma en que lucen en general las aves acuáticas de los humedales es diferente, pero si para una persona es la primera vez que las observa, es posible que pueda pensar que son todas iguales, pero como no queremos que caigas en ese error, vamos a mostrarte unos pocos trucos para que puedas identificar unas de otras:

  • Los ejemplares hembras del ánade azulón tienen el espejuelo, que es una mancha en parte de las plumas secundarias del ala, de color azul.
  • Las hembras de la cerceta común se parecen a las de azulón, pero tienen el espejuelo verde y son más compactas o pequeñas.
  • Las hembras de pato cuchara común tienen espejuelo verde y un pico tan peculiar que si te confundes al identificarlas es porque no estás prestando la atención debida.
  • Las hembras del porrón común son lo más insulso del mundo en cuanto a colores. Si tienes la opción de leer las descripciones en las guías de aves, vas a ver que son muy escuetas, porque están llenas de adjetivos del tipo grisáceo, pálido, apagado, teñido de gris. Son aves con forma de porrón pero que esta decolorado.

Aves buceadoras: Zampullín común y Somormujo Lavanco

Aunque tienen el aspecto de patos, en realidad no lo son, si hablamos desde el punto de vista técnico. Pertenecen a otra familia Podicipedidae. De hecho, el pico y la forma hidrodinámica del cuerpo que tienen y que se ha adaptado para permitirles para bucear son las particularidades que las distinguen. De manera que no es posible que las puedas confundir:

El zampullín común (Tachybaptus ruficollis) es el patito de goma de los humedales. Es muy gracioso, posee un cuerpo de pequeño tamaño y continuamente va a estar zambulliéndose en el agua para bucear. El somormujo lavanco (Podiceps cristatus) tiene un tamaño mucho mayor, pero eso no impide que también sea un excelente buceador. En invierno, además, se le puede observar en ocasiones en el mar. En verano posee uno de los plumajes y cortejos más llamativos de todas las aves y mueven la cabeza enfrentándola a la de la pareja hasta encontrar a una compañera.

Todas las personas, cuando ven a un ave con las patas largas en un humedal, suelen llamarla garza. Pero garzas hay muchas, no obstante no todas las aves que tienen las patas largas lo son. Se trata de un error común llamar garza a una cigüeña, cuando en realidad no lo es.

Entre la garcilla bueyera (Bulbucus ibis) y la garceta común (Egretta garzetta), la diferencia principal que se puede observar, aunque existen muchas otras, se encuentra en el color del pico, porque en la primera es de color naranja y robusto, mientras que es de color negro y estrecho en la segunda, y el tamaño es menor en el caso de la bueyera.

Las bueyeras, que reciben ese nombre porque tienen la costumbre de subirse encima de los bueyes en la sabana, para poder comerse sus parásitos, también las vas a poder encontrar alimentándose en el suelo, incluso a los lados de los campos de labranza. Por el contrario, las garcetas comunes se alimentan principalmente de lo que pescan desde la orilla con sus rápidos movimientos.

La garza real (Ardea cinerea) es más grande que las que te hemos comentado anteriormente y posee unos colores grises y estriados en el pecho por lo que son inconfundibles. La cigüeñuela (Himantopus himantopus) es la única de las tres que no es una ardeida (garza) que recibe su nombre de su parecido razonable con la cigüeña blanca, pero la verdad es que no se encuentra relacionada con ella. Se trata de un ave que tiene muy mal carácter cuando se trata de defender su nido.

Algunos recursos extras

Los Rálidos: La Focha (Fulica atra) y la Gallineta común (Gallinula chloropus) son aves que tienen el color del plumaje negro y son muy comunes, pero se distinguen por el pico, que es blanco en la focha y rojo en la gallineta, además de que la gallineta es un ave que se parece más a una gallina, mientras que la focha es un ave que se parece más a un pato. Además de todas estas especies, en los humedales es posible que encuentres muchas otras especies de aves pero hemos tratado en este post de concentrarnos en las aves que son propias de las zonas húmedas y que te vas a encontrar seguramente en cualquiera de ellos.

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